A la hija del millonario solo le quedaban tres meses de vida, pero la empleada doméstica tomó una decisión que lo cambiaría todo.-nana

“El té no salvará a mi hija”, respondió Rodrigo, con los ojos hinchados de tanto llorar, dejando al descubierto su completa impotencia.

Por primera vez, Claudia comprendió la verdad brutal: el hombre más rico del país era absolutamente incapaz de salvar lo que más amaba.

Esa noche, mientras la mansión dormía, Claudia permaneció despierta meciendo a Camila, cuya respiración era débil y su piel, inquietantemente fría.

Entonces recordó algo del pasado, un recuerdo enterrado que emergió con fuerza ante la inminencia de la muerte.

Años atrás, su hermano casi murió por una enfermedad similar, cuando hospitales y médicos se rindieron sin ofrecer soluciones.

Lo salvó un médico jubilado, marginado por farmacéuticas, un fantasma de la medicina que trabajaba en silencio con tratamientos prohibidos pero eficaces.

Claudia quedó paralizada, consciente de que mencionar aquello podía costarle el trabajo o algo peor, pero el jadeo de Camila la obligó a actuar.

Sabía que debía intentarlo, aun si el precio era perderlo todo.

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