Se mudaron a la cabaña y comenzaron un tratamiento considerado “loco”, lejos de la medicina moderna y sus reglas.
Hierbas, vapor, cantos y respiración reemplazaron fármacos, mientras Claudia seguía cada instrucción con disciplina absoluta.
Rodrigo sufrió al desconectarse del mundo, sin negocios ni teléfonos, obligado a ser solo padre.
Una noche crítica, Camila casi dejó de respirar, y Claudia obligó a Rodrigo a hablarle desde el corazón.
Entre lágrimas, él pidió perdón, prometiendo amor, y los dedos de Camila se aferraron a los suyos, calmándose.
“El amor también es medicina”, murmuró el doctor, observando en silencio.
Tras semanas de mejora, una recaída brutal casi lo destruye todo, con fiebre y gritos desgarradores.
El médico luchó durante horas mientras Claudia susurraba palabras de aliento, negándose a rendirse.

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