Semanas después lo encontré dormido en el sillón, Lilia sobre su pecho, su puñito agarrado a su camiseta como si fuera todo su mundo.
Tal vez el perdón no llega de golpe.
Tal vez empieza en esos momentos silenciosos.
No volvimos a la “normalidad” de inmediato. Fuimos a terapia. Hablamos mucho. Él escuchó. No se justificó. Pidió perdón, una y otra vez, con sinceridad.
Tres meses después del nacimiento de Lilia, decidimos volver a vivir juntos.
No para retomar donde lo dejamos, sino para empezar de nuevo.
Hoy, cada noche, después del baño y la canción, lo veo besarle la frente y decirle:
—Papá está aquí.
Y algo en mí se aquieta.
La tormenta no nos rompió.
Arrasó con lo frágil.
Lo que quedó es más fuerte. Más verdadero.
Porque el amor no son solo los momentos bonitos.
Es cómo luchan el uno por el otro en los peores.
Para ver las instrucciones de cocción completas, ve a la página siguiente o haz clic en el botón Abrir (>) y no olvides COMPARTIRLO con tus amigos en Facebook.
