Horas antes de la boda de mi hijo, entré a la sala de nuestra casa y vi algo que destrozó veinticinco años de matrimonio en un solo latido.
Mi esposo, Héctor, estaba besando a la prometida de mi hijo —Camila— con una pasión que me revolvió el estómago. Sus manos se aferraban a su camisa, los dedos de él se enredaban en su cabello. No fue un accidente. No fue confusión. Fue traición en su forma más pura.
Por un momento no pude respirar. Un sabor metálico me llenó la boca. Ese día debía ser el más feliz de Mateo, mi hijo. En cambio, estaba presenciando la destrucción de nuestra familia.
Di un paso al frente, lista para enfrentar todo, cuando un movimiento apareció reflejado en el espejo del pasillo.
Era Mateo.
No estaba sorprendido. Ni siquiera parecía enojado. Tenía una expresión… resuelta. Como alguien que había caminado por el fuego mucho antes de que yo llegara.
—Mamá —susurró, tomándome del brazo antes de que irrumpiera—. No. Por favor.
—Esto… esto es imperdonable —dije con la voz quebrada—. Voy a detenerlo ahora mismo.
Para ver las instrucciones de cocción completas, ve a la página siguiente o haz clic en el botón Abrir (>) y no olvides COMPARTIRLO con tus amigos en Facebook.
