Laura me miró con una mezcla de rabia y tristeza.
—Hace quince años, Héctor tuvo una aventura con una compañera de trabajo. Esa mujer tuvo una hija poco después. Una niña llamada Renata.
Mi corazón se detuvo.
Mateo habló con cuidado.
—Mamá… la prueba de ADN ya salió. Laura tomó el cepillo de dientes de papá anoche.
Laura deslizó otra hoja hacia mí.
Probabilidad de paternidad: 99.999 %.
Me sujeté de la mesa para no caer.
—Tiene una hija… —susurré—. ¿Una niña que ocultó durante quince años?
—Sí —dijo Laura—. Y ha estado pagando a la madre en secreto, cada mes.
Algo dentro de mí se rompió… y se reconstruyó como algo frío y firme.
—Claudia —dijo Laura—, esto no es solo infidelidad. Es fraude, robo y engaño a un nivel que destruye vidas.
Mateo se inclinó hacia mí.
—Por eso los exponemos hoy. En la boda. Frente a todos los que creyeron que papá era un buen hombre. No merece privacidad. Merece la verdad.
Laura me entregó un control pequeño.
—Mi laptop está conectada al proyector del evento. Cuando presiones este botón, aparecerá todo: fotos, capturas, documentos, registros de hoteles.
Mi mano tembló al tomarlo.
—La policía ya está al tanto del desfalco de Camila —añadió—. Si entregamos los archivos después de la ceremonia, la detendrán hoy mismo.
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