Semanas después, Camila aceptó un acuerdo: dos años de prisión.
Héctor lo perdió todo: trabajo, reputación, bienes… y a mí.
Pedí el divorcio al día siguiente.
Y lo más inesperado ocurrió.
Renata me escribió.
Era dulce, asustada, inocente.
Mateo quiso conocerla.
Y así lo hicimos.
No era una traición.
Era una verdad.
Un nuevo comienzo.
El día de la boda no nos destruyó.
Nos liberó.
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