A veces la traición no grita...

Nunca les pedí dinero. Nunca. Ni siquiera cuando las cosas se pusieron difíciles. Ni siquiera cuando perdí mi trabajo. Ni siquiera cuando estuve enferma.

La palabra no hirió mi orgullo, hirió mi memoria. Tachó todos los traslados, todas las noches, todos los "después". Convirtió mi vida en una farsa.

Di la vuelta por mi cuenta. Sin la ayuda de seguridad. La caja en mis manos se sentía extraña. Ridículo.

En el taxi, miré por la ventana.

Y por primera vez en muchos años, me permití soltar. Las lágrimas fluían silenciosamente, como lluvia. No había histeria. Había devastación.

6. Números

En casa, encendí la computadora. Abrí el archivo que llevaba automáticamente, como un libro de contabilidad de mi vida. Fechas. Cantidades. Citas.

Doce años.

El número en la parte inferior de la pantalla estaba inmóvil. Veintidós millones.

Lo miré fijamente durante un buen rato. No era solo una suma. Eran mis treinta y seis vacaciones perdidas. Mi apartamento que ya no existe. Mis decisiones pospuestas. Mi vida vivida "para después".

Cerré el archivo. Y por primera vez en mucho tiempo, no sentí culpa.

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