A veces la traición no grita...

7. Mañana

La mañana estaba despejada. Fría. Tranquila.

Preparé café. Me senté a la mesa. Y comencé a cancelar.

Llamada tras llamada. Contrato tras contrato. Sin gritar. Sin explicaciones. Todo era oficial, preciso y según las normas.

Reparaciones canceladas.

Viaje cancelado.

Préstamos sin garantía.

Cuenta conjunta cerrada.

Con cada acción, me sentía mejor. No más feliz, sino más tranquila. Era como si alguien hubiera quitado muebles pesados ​​de la habitación y pudiera respirar.

A la hora de comer, el teléfono empezó a sonar sin parar. Me quedé mirando la pantalla y no contesté.

Ya no estaba obligada a contestar.

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