A veces la traición no grita...

CONCLUSIÓN

No sé qué sintieron. Probablemente ira. Confusión. Miedo. Solo sé que, por primera vez en doce años, me elegí a mí misma.

No me sentí mejor de inmediato. No fue fácil. Pero se volvió honesta.

Dejé de ser una billetera. Dejé de ser un ruido de fondo. Dejé de ser conveniente.

A veces el amor no es un sacrificio. A veces el amor es una partida.

Dejé sus vidas sin luchar. Sin maldecir. Simplemente cerré la puerta.

Y en el silencio que siguió, me escuché por primera vez.

Para ver las instrucciones de cocción completas, ve a la página siguiente o haz clic en el botón Abrir (>) y no olvides COMPARTIRLO con tus amigos en Facebook.