La herencia permaneció intacta, protegida por el fideicomiso de su madre. Una fresca mañana de Colorado, Emily visitó un banco junto al lago con vistas a las Montañas Rocosas, el lugar favorito de su madre, según la carta dentro del sobre.
Levantó la cara hacia la brisa, sintiendo, por primera vez en meses, algo cercano a la paz.
Su madre no solo le había dejado dinero. Le había dejado su verdad, su fuerza y su último regalo:
una salida.
Emily abrió su diario y escribió la última frase de su terrible experiencia:
“Me salvé, y ese es el principio de todo”.
Y por primera vez desde que se cerró la mesa,
Emily Morgan finalmente se sintió libre.
Para ver las instrucciones de cocción completas, ve a la página siguiente o haz clic en el botón Abrir (>) y no olvides COMPARTIRLO con tus amigos en Facebook.
