Ella se acercó a él suavemente.
—No se preocupe, señor… Estoy aquí. Nadie debería pasar por esto solo.
Con manos temblorosas, empezó a ayudarlo.
Lo limpió con cuidado, con respeto y ternura.
Pero cuando necesitó quitarle la camisa para limpiarle la espalda…
Lucía se quedó completamente congelada.
El mundo quedó en silencio.
Porque en el hombro de Don Rafael…
entre las cicatrices profundas…
había algo que ella nunca olvidaría.
Un tatuaje.
Un águila sosteniendo una rosa.
Su cuerpo empezó a temblar.
Porque ese tatuaje había vivido en su memoria desde que tenía siete años.
FLASHBACK – 20 AÑOS ANTES
El orfanato donde vivía Lucía estaba en llamas.
Gritos.
Humo.
Llamas por todas partes.
La pequeña Lucía quedó atrapada.
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