La sorpresa de Benjamin se transformó en determinación. Le ordenó a María que se quedara con Jason y llamó a su equipo de seguridad privada, exigiendo el cierre inmediato del ático y el aislamiento de todo el personal.
El personal de seguridad irrumpió en el edificio y detuvo al Dr. Sterling a su llegada. Marcus, al intentar huir, fue interceptado. Benjamin lo confrontó con los documentos y grabaciones, rompiendo así años de confianza forjada.
Marcus se declaró inocente y culpó a Sterling. Pero, al ser confrontado con las pruebas, Sterling confesó todo: los pagos, la coerción, el declive orquestado y el plan de Marcus de asumir el control una vez que Benjamin fuera declarado no apto.
Llamaron a la policía. María observó desde la habitación de Jason cómo escoltaban a ambos hombres esposados. Benjamin entró después, pálido pero decidido, sentado junto a su hijo.
Se disculpó repetidamente con Jason, prometiéndole protección y presencia. Por primera vez, se permitió llorar; el dolor y el alivio se mezclaron en una tormenta que debía haber ocurrido años atrás.
Benjamín agradeció a María, llamándola el milagro de Jason. Prometió financiar la atención médica de su madre y asegurar su futuro. María simplemente abrazó a Jason, aliviada de que finalmente pudiera vivir.
Jason recuperó fuerzas poco a poco durante las semanas siguientes. El calor regresó a sus mejillas. Benjamin nunca más se escondió tras el trabajo. María permaneció a su lado, la heroína silenciosa que salvó a un niño moribundo.
