Cada mañana, el bebé del multimillonario se debilitaba más, hasta que la criada encontró algo bajo su brazo. -nana

Benjamin Miller había gastado fortunas buscando una cura, contratando expertos de todo el mundo, con la esperanza de que alguien pudiera explicar por qué su hijo de tres años se estaba desvaneciendo. Nada funcionaba, y cada mañana Jason

El declive comenzó tras el accidente que le quitó la vida a Catherine en un instante. Jason, con apenas dos años, perdió a su madre y poco a poco se aisló del mundo. El dolor lo vació, dejando a Benjamin aterrorizado e indefenso.

Trajo especialistas de tres continentes, solicitó todas las exploraciones imaginables y autorizó tratamientos experimentales.

Las respuestas seguían siendo las mismas: trauma psicológico, inmunidad comprometida, deterioro situacional. Pero ninguna explicaba la alarmante velocidad del deterioro.

Benjamin se las arregló sumergiéndose en el trabajo. Dieciocho horas diarias en salas de juntas lo insensibilizaron ante la verdad que se escondía en su ático. Su madre se mudó con él y Marcus, su fiel compañero, lo visitaba

El Dr. Sterling, un respetado pediatra, venía dos veces por semana, susurrándole palabras tranquilizadoras que nunca cambiaron los resultados.

Jason seguía frágil, pálido y apenas reaccionaba. Algo más profundo, más oscuro, se escondía bajo la superficie de esas explicaciones.

Entonces llegó el martes y todo cambió. Benjamín llegó temprano a casa; el ático estaba inquietantemente silencioso. Entonces lo oyó: llanto. No eran débiles gemidos, sino un grito desesperado que no había oído en meses.

Benjamin corrió hacia el sonido, aterrorizado. Cuando irrumpió en la habitación de Jason, encontró a María, la nueva criada, sosteniendo al niño. Los ojos de Jason estaban abiertos: brillantes, alertas, increíblemente vivos comparados con el día anterior.

Para ver las instrucciones de cocción completas, ve a la página siguiente o haz clic en el botón Abrir (>) y no olvides COMPARTIRLO con tus amigos en Facebook.