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Cada vez que él las veía, su rabia aumentaba.
Me golpeaba más fuerte, como si la culpa fuera mía.
Ese día comenzó como cualquier otro.
Mientras me insultaba y me pateaba, sentí un zumbido en los oídos.
La vista se me nubló.
Con el último golpe, caí inconsciente sobre el suelo del patio.

Desperté en una camilla.
