Cada mañana, mi esposo me sacaba a golpes porque no era capaz de darle un hijo varón… Hasta que un día, me desmayé en medio del patio por el dolor insoportable. Él me llevó al hospital y fingió que me había caído por las escaleras. Pero lo que nunca imaginó fue que, cuando el médico le entregó los resultados, la radiografía lo dejó petrificado.

Estábamos en el Hospital General de Puebla.
Mi esposo estaba a mi lado, con una expresión falsa de preocupación.

Habló rápido con el médico:
Mi esposa se cayó por las escaleras.

Yo no tenía fuerzas para desmentirlo.
Solo cerré los ojos.

El médico ordenó estudios completos por la gravedad de las lesiones.
Me llevaron a rayos X.
La luz blanca del quirófano me cegaba.

Casi una hora después, el médico pidió hablar primero con mi esposo.

Yo seguía en la sala, pero podía escuchar desde el pasillo.

La voz del doctor se volvió seria:
Señor, necesito que vea las placas.

No hubo respuesta.

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