Nina sacó otro documento de la carpeta. De hecho, hemos venido aquí con una propuesta. Queremos crear una fundación juntos. Programas que identifiquen a niños en situación de riesgo y los conecten con oportunidades reales de crecimiento y restaurantes que funcionen como centros de formación profesional, añadió Eli. Lugares donde personas como nosotros y como tú fuiste en su día puedan encontrar no solo trabajo, sino dignidad. Tenemos inversores interesados, apoyo gubernamental y una red de empresarios que quieren participar, añadió Nina.
Pero necesitamos a alguien que entienda que la justicia social no es solo discurso, sino acción concreta y estratégica. Esa tarde, mientras los tres planificaban el futuro de la fundación, Thomas miró por la ventana panorámica de su oficina. Abajo, la ciudad se movía a su ritmo habitual, llena de gente luchando, soñando, enfrentándose a sus propias injusticias. Maning todavía estaba en algún lugar de la ciudad, probablemente rumeando su derrota y tratando de entender cómo había sido vencido por alguien a quien consideraba inferior.
Pero Thomas ya no sentía ira, solo una serena satisfacción por haber demostrado que la inteligencia, la paciencia y la integridad siempre vencen a la arrogancia y los prejuicios. Dos años después, la Fundación Santoelinina se había convertido en una referencia nacional en la lucha contra la discriminación y la inclusión social. Más de 500 niños se habían beneficiado de programas educativos, 2000 familias habían recibido asesoramiento jurídico gratuito y ocho nuevos restaurantes escuela funcionaban en diferentes estados. Thomas aparecía regularmente en los medios de comunicación, ya no como el camarero humillado, sino como el brillante estratega que había cambiado por completo el paradigma de cómo combatir las injusticias corporativas.
Su oficina de auditoría se convirtió en la pesadilla de los empresarios prejuiciosos de todo el país. Durante una entrevista en la televisión nacional, el presentador le preguntó, “Señor Santos, ¿qué le diría a las personas que están pasando por situaciones de discriminación similares a la suya?” Thomas sonrió ajustándose el traje que ahora le quedaba como un guante. Que la diferencia entre la venganza y la justicia es simple. La venganza destruye, la justicia construye. Maning intentó destruirme, pero acabó enseñándome que podía ser mucho más grande de lo que él jamás imaginó.
La mejor venganza había sido exactamente lo que su madre siempre le había dicho, convertir el dolor en construcción. Maningó destrozar a Thomas, pero solo lo forjó en algo más fuerte. Y ahora cada niño ayudado por la fundación era una nueva victoria sobre todos los manín del mundo.
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