¡¿Qué haces ahí sentada?! ¡Te acabas de levantar y fuiste con mi madre! ¡Deberías estar cuidándola, y estás mirando una caja! —ladró Stepan.
Ksenia se estremeció, como si una puerta se hubiera cerrado de golpe. Apartó la vista de la pantalla, donde la heroína de la serie sollozaba en silencio, y miró a su marido. Estaba de pie en medio de la habitación, furioso, despeinado, con el rostro ensombrecido y el profundo surco entre las cejas que le aparecía cada vez que estaba disgustado.
"¿Me oyes siquiera? ¿O te has quedado sordo?", continuó, agarrando su chaqueta al irse.
Afuera, una tormenta de nieve golpeaba obstinadamente el cristal. La tarde de enero caía rápidamente, y las farolas del patio se difuminaban en manchas amarillas, como si el mundo exterior estuviera pintado con acuarelas. En algún lugar de las casas vecinas, la gente cenaba, reía y vivía su vida.
Ksenia se levantó lentamente. Tenía las piernas entumecidas; llevaba sentada allí casi una hora, intentando olvidarse de sí misma aunque fuera por unos minutos. Un olor intenso flotaba en el aire: la cena de la noche anterior, la medicación y algo vagamente viejo. Este olor se había instalado en el apartamento junto con el de su suegra.
"Acabo de visitarla", dijo Ksenia en voz baja. "Lo hice todo. La cambié de ropa, le di unas pastillas".
"¿De verdad?" Stepan sonrió con malicia. "Entonces, ¿por qué me llamó para quejarse de estar sola y no ser deseada? ¿Por qué estaba tan mojada?"
"Stepan, yo..."
"¡No pongas excusas!", la interrumpió. "¡Mi madre se está muriendo y a ti no te importa! ¡Mejor ve tus telenovelas!"
Ksenia sintió una oleada de calor en su interior. Las palabras se le atascaron en la garganta. Quería decirle que no había dormido bien en meses, que se despertaba cada noche al menor ruido, que lavaba las sábanas casi a diario, que ya no se sentía viva. Que sus días se habían convertido en un ciclo interminable: cocina, farmacia y dormitorio de su suegra. Pero volvió a guardar silencio.
Stepan ya se estaba poniendo los zapatos. Ella conocía ese gesto: estaba a punto de irse. Al garaje. Allí era donde siempre se "enfriaba", trasteando con el coche que llevaba tiempo sin circular. Allí se sentía necesitado y libre.
"Vete", dijo Ksenia en voz baja pero firme. "Ve tú mismo con ella".
Se quedó paralizado y se dio la vuelta lentamente.
"¿Qué has dicho?"
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