Ksenia asintió, aunque el cansancio y el resentimiento aún la atormentaban. Pero por primera vez en mucho tiempo, parecía que podría haber una oportunidad: una oportunidad de que al menos intentara ver su trabajo, y no solo sus expectativas.
Regresó con su suegra y acomodó cuidadosamente su almohada. La anciana dio vueltas en la cama, luego abrió los ojos.
"Gracias, niña", susurró. "Siempre estuviste ahí".
Ksenia sonrió, sin amargura por primera vez en meses. Sí, el cansancio no había desaparecido, pero una silenciosa esperanza brotaba en su interior: que su familia aún podría existir, incluso si el amor y la comprensión tuvieran que encontrarse a través del trabajo duro y el conflicto. La nieve afuera brillaba bajo la suave luz de las farolas, una luz que parecía prometer un día largo, pero humano.
Al día siguiente, todo le parecía familiar de nuevo, pero la costumbre le costaba. Ksenia ya se había levantado por la mañana, había preparado el desayuno para su suegra y había revisado sus medicamentos. La anciana estaba sentada en una silla junto a la ventana, ligeramente encorvada, observando en silencio la nieve que caía.
"Pareces cansada", dijo en voz baja. "¿Quizás deberías descansar un poco?"
"No", respondió Ksenia, sonriendo a pesar del cansancio. "Puedo con ello".
En ese momento, sonó el timbre. El vecino de Stepan estaba en el umbral, un hombre con el rostro tenso y ropa de trabajo.
"¿Está Stepan en casa?", preguntó. "Necesito enseñarle algunas cosas del taller".
"Se ha ido a trabajar", respondió Ksenia, sin invitarlo a pasar.
"¿Dónde está tu marido?", insistió la vecina. "Prometió cuidar del coche anoche".
Ksenia sintió que la irritación crecía en su interior. Llevaba días intentando mantenerlo todo bajo control, y ahora había una interferencia. "No está", dijo con firmeza. "Si quieres hablar de algo, vuelve más tarde".
El vecino se encogió de hombros y se fue, dejando a Ksenia de pie junto a la puerta. Una opresión la invadió de nuevo: la sensación de que llevaba el mundo entero a cuestas y no había ayuda disponible.
Stepan regresó esa noche. Entró en silencio, con el rostro desprendiendo cansancio, pero no ira. Ksenia lo observó con mesura.
"Lo vi", dijo tras una pausa. "Vino el vecino. Lo conseguiste sin problemas".
"Sí", dijo Ksenia en voz baja. "Puedo arreglármelas sola".
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