¡Corre a lavar a mi madre! Necesita cuidados, ¡y tú sigues mirando la tele!

Stepan la miró un buen rato, como si intentara leerle el pensamiento. Luego dijo:
"Sabes... me doy cuenta de que no me di cuenta de todo lo que estabas haciendo". Y quizá fui demasiado duro.
Ksenia sintió que se le encogía el corazón de la sorpresa. Estas palabras no eran una excusa, ni una disculpa, sino al menos un reconocimiento. "Estoy cansada", dijo simplemente. "Pero eso no significa que no pueda seguir adelante. Solo... quiero que me veas".
Stepan guardó silencio. Se acercó, pero no demasiado, para no violar sus límites.
"De acuerdo", dijo. "Lo intentaré".
La noche cayó sobre el apartamento y la nieve seguía cayendo fuera de las ventanas. Ksenia se sentó junto a su suegra, y Stepan se sentó en una silla contra la pared. La habitación estaba en silencio; no frío ni hostil, sino cauteloso, como si los tres se escucharan.
Y por primera vez en mucho tiempo, Ksenia sintió que la carga que había llevado sola podía ser compartida.

Al día siguiente, Ksenia despertó con el timbre del teléfono. Era su suegra, presa del pánico, informando de que había vuelto a caer. El corazón de Ksenia se encogió. Se vistió rápidamente, cogió su bolsa de medicinas y salió corriendo, donde la nieve ya se había derretido en las aceras, convirtiéndose en una masa pegajosa.
"No pasa nada", se repitió a sí misma, corriendo hacia la casa. "Puedes con ello".
Cuando entró en el apartamento, su suegra estaba tirada en el suelo, luchando por incorporarse apoyándose en los codos.
"Ay, Ksenia...", gimió la anciana. "Me duele..."
Ksenia se inclinó, ayudándola a levantarse, intentando disimular su alarma. Sintió una sensación familiar que volvía a brotar en su interior: cansancio mezclado con ansiedad.
"No pasa nada, estoy aquí", dijo en voz baja.
En ese momento, sonó el timbre. Stepan entró, visiblemente irritado.
"¡¿Otra vez?!", exclamó al ver a su suegra en el suelo. "¡¿Qué has hecho ahora?!"
Ksenia se quedó paralizada, con el corazón encogido. Una oleada de ira y resentimiento le invadió el pecho.
"¡No hice nada!", espetó. "Se cayó sola, yo habría..."

Para ver las instrucciones de cocción completas, ve a la página siguiente o haz clic en el botón Abrir (>) y no olvides COMPARTIRLO con tus amigos en Facebook.