Pasaron varios meses. La suegra de Ksenia se había recuperado casi por completo; caminaba con seguridad, su rostro radiante y sereno. Ksenia ya no sentía la tensión constante, aunque cuidar de su anciana aún requería fuerza. Pero ahora estos esfuerzos ya no la agobiaban, sino que los percibía como parte de la vida, a la que poco a poco se fue acostumbrando.
Stepan había cambiado notablemente. Ya no se retiraba al garaje ante la primera discusión, ni dejaba de cuidar a su madre. A veces ayudaba a Ksenia en silencio, a veces simplemente se sentaba cerca, observando y apoyándola en silencio. Aprendieron a entenderse sin palabras innecesarias. Una tarde, cuando la nieve se había derretido y los charcos primaverales corrían por las calles, Ksenia, Stepan y su suegra estaban sentados en la cocina. Su suegra contaba historias del pasado y Ksenia reía con ella. Stepan observaba en silencio, luego sonrió y dijo: «Sabes, antes pensaba que todo este tiempo difícil era solo culpa mía. Pero ahora entiendo... que ambos aprendimos a ser pacientes y fuertes. Y tú, Ksenia, fuiste increíblemente valiente».
Ksenia lo miró y, por primera vez en mucho tiempo, no sintió cansancio, rabia ni resentimiento. Solo una suave calidez, una alegría serena y la sensación de que todo estaría bien.
«Todos aprendimos», dijo con una suave sonrisa. «Y ahora, parece que tenemos la oportunidad de vivir juntos de verdad, como una familia».
Su suegra sonrió y dijo en voz baja: «Así es como debe ser. El amor no son solo sentimientos. Es trabajo, paciencia y el deseo de estar ahí cuando las cosas se ponen difíciles». La nieve se había derretido afuera y la cálida luz del atardecer se filtraba por las ventanas hacia la cocina. Ksenia sintió que por fin podía respirar con libertad. La vida no se había vuelto fácil, pero había encontrado la armonía, aprendido a ser fuerte, y las personas que amaba estaban a su lado.
Y en ese momento, en la tranquila cocina, entre el aroma del té recién hecho y los viejos recuerdos, Ksenia comprendió que una verdadera familia no se trata de días perfectos y momentos felices, sino de la capacidad de superar las dificultades juntos sin perderse el uno al otro.
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