Cuando el corazón se niega a creer

"¡Vaya, qué pena le voy a dar!", exclamó Marina Petrovna, furiosa. "¡Lo probaremos todo! ¡Volverá arrastrándose de rodillas!".

Pero Anna solo miraba al bebé en silencio. Le resultaba tan familiar... una nariz pequeña, igual a la suya. Labios, iguales a los de Sergei al nacer.

"¿Por qué no lo ves? ¿Por qué?", ​​susurró, como dirigiéndose a su marido.

Todo podría haberse decidido en un día; una prueba de ADN habría sellado el trato. Pero Sergei se obstinó en posponerlo.

No quería la verdad.

Quería un castigo.

Capítulo 3. La Visita
Pasó una semana cuando sonó el timbre.

Sergei estaba en la puerta. Con un abrigo caro, altivo, desconocido.

Anna apenas podía respirar.

"Quiero ver al bebé."

Abrazó a su hijo con más fuerza.

"Ya lo has decidido. ¿Por qué has venido?"

"Para asegurarme." Entró, como si aún tuviera derecho. "Podrías... ya sabes..."

"¿Cambiar?" Anna sonrió entre lágrimas. "¿Entiendes lo doloroso que es oír eso?"

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