"No te pido que seas perfecto. Solo que estés ahí. Al menos a veces."
Sergey apretó los puños. Su orgullo aún luchaba, pero la verdad era más fuerte.
"¿Cuándo... podré verlo?"
"Cuando quieras. Pero nunca más grites que es un extraño. Nunca."
Asintió.
Y por primera vez, bajó la mirada.
Capítulo 7. Una nueva distancia
El amor no resurgió al instante.
Sergey visitaba a su hijo cada pocos días. La abrazó torpemente, temeroso de volver a tocarla. Pero algo suave, humano, apareció en su mirada.
Anna lo observó, insegura: ¿qué seguiría?
¿Volver a la casa donde la habían dejado fuera?
¿O construir una nueva vida?
Una noche, Sergey preguntó en voz baja:
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