Cuando el silencio se convierte en un arma…

No estaba enojada.

No tembló.

Algo más la detuvo: darse cuenta de que el hombre que debería haber sido su compañero la había traicionado. Que la familia que debería haberla aceptado la veía solo como una herramienta.

Y aun así, siguió jugando.

Porque sabía:

La verdad es el arma más afilada.

Y ya tenía suficiente para destruir todo lo que habían intentado construir sobre su ingenuidad.

Conclusión

Hay traiciones que se pueden perdonar.

Las hay que se olvidan.

Y las hay que se convierten en una línea tras la cual una persona nunca volverá a ser la misma.

Esta historia no se trata de venganza.

No se trata de astucia.

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