Todo secreto debe guardarse.
Permaneció en silencio durante seis meses, pero su silencio era más fuerte que sus risas.
Y cuando llegue el día en que les presente las notas —una a una, sin palabras innecesarias, sin emoción—, solo entenderán una cosa:
Lo escuchó todo.
Cada palabra.
Cada risa.
Cada mentira.
Pero será demasiado tarde.
Ya no es un cordero.
Y aunque pensaran que la estaban llevando al matadero...
En realidad, durante todo este tiempo, los estaba guiando hacia la trampa que ellos mismos habían tendido.
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