Cuando el silencio se convierte en un arma…

Pero no sabían que tenía un secreto.

2. Las Primeras Gotas de Veneno

Cuando la madre de Rami alzó su mirada pesada —la mirada estrecha de quien está acostumbrada a juzgar a primera vista y nunca cambia de opinión—, la niña sintió de nuevo la piedra del silencio.

"¡Qué vestido tan atrevido!", dijo su suegra en árabe. "Ese es el estilo que usan las mujeres que intentan desesperadamente captar la atención de los hombres".

La mesa rió entre dientes.

Sonrió, gentilmente, casi agradecida.

Rami se inclinó hacia ella:

"Mamá dijo que hoy estás guapísima, Habibti".

Asintió y susurró:

"Siempre consigue animarme. Gracias".

Habibti había aprendido a interpretar ese papel hacía tiempo. Incluso su cuerpo se movía de forma diferente: lenta, cuidadosamente, como si cada movimiento necesitara coordinarse con una cámara invisible.

Solo sus ojos ocultaban algo más: atentos, fríos, demasiado serenos para una mujer considerada frívola.

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