Cuando sentí el golpe seco en mi rostro el día de nuestra boda… supe que ese hombre nunca más…

“Miren lo que pasó en la boda de los López”, decían los mensajes acompañados de clips en alta definición del momento exacto de la bofetada. La noticia volaba más rápido que el viento, saltando de teléfono en teléfono, cruzando las fronteras del municipio en cuestión de minutos. Doña Consuelo, viendo que su hijo estaba siendo grabado y que su reputación se desmoronaba en vivo, intentó cubrir las cámaras con las manos desesperada. “Dejen de grabar. Respeten la privacidad de la familia”, gritaba ella, pero era inútil intentar detener la marea digital que se les venía encima.

El escándalo ya no era un rumor de pueblo, se estaba convirtiendo en una noticia viral que nadie podría borrar de internet. Alejandro, alar celulares apuntándole, lejos de esconderse, pareció envalentonarse más, como si estuviera actuando para una audiencia invisible y morbosa. Se giró hacia una de las cámaras y gritó, “Graven todo lo que quieran para que aprendan a respetar a un hombre de verdad.” Sus palabras quedaron registradas para la posteridad, condenándolo socialmente con una evidencia irrefutable de su carácter violento.

Dentro de la iglesia, María Fernanda estaba sentada en una banca de madera temblando mientras su madre le limpiaba el rostro con un pañuelo húmedo. La mejilla izquierda estaba roja y caliente al tacto, y el ojo comenzaba a cerrarse ligeramente por la inflamación del golpe brutal. ¿Por qué, mamá? ¿Por qué me hizo esto? preguntaba ella entre lágrimas, sin poder entender cómo el día más feliz se había vuelto una tragedia. El padre de María, caminando de un lado a otro del pasillo central, hablaba por teléfono con la policía local, exigiendo que vinieran a sacar al agresor de la propiedad.

“No me importa quién sea su padre, quiero que se lo lleven ahora mismo o yo me encargo de él”, decía con voz temible. La familia de la novia se cerró en filas jurando protegerla, aunque sabían que el daño emocional sería mucho más difícil de curar que el golpe. Afuera, la plaza comenzaba a vaciarse de invitados decentes que, horrorizados, preferían irse a sus casas antes que seguir presenciando el bochorno. Los meseros del salón de fiestas, que esperaba recibir a 300 personas, comenzaron a recibir llamadas cancelando el banquete y la música, la comida gourmet, los arreglos florales costosos y el pastel de cinco pisos se quedarían intactos, testigos mudos de una celebración que nunca ocurrió.

El video principal titulado Novio golpea a esposa recién casada frente a la iglesia comenzó a ganar miles de reproducciones en las redes sociales en menos de una hora. Los comentarios de desconocidos comenzaban a acumularse llenos de odio hacia Alejandro y de lástima hacia la pobre muchacha del video. El juicio público había comenzado y el veredicto era unánime. Alejandro era el villano más odiado del momento en todo el país. Finalmente, al escuchar las sirenas de la patrulla acercarse, los amigos de Alejandro lograron convencerlo de que debía irse antes de que lo arrestaran ahí mismo.

regañadientes y todavía lanzando maldiciones al aire, se subió a la camioneta negra en la que había llegado, arrancando llantas al salir. Dejó tras de sí una nube de humo y un silencio pesado, cargado de tensión y de preguntas sin respuesta sobre el futuro. María Fernanda se quedó dentro de la iglesia hasta que cayó la noche, incapaz de enfrentar el mundo exterior y las miradas de compasión que sabía que la esperaban. Se quitó el anillo de casada. que solo había usado por menos de una hora y lo dejó sobre la banca de madera oscura, brillando solitario.

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