Dos semanas después, Esteban falleció en un hospital de Guadalajara. Camila estuvo conmigo en el funeral, no por amor, sino porque finalmente habíamos aprendido a hablarnos… como dos personas que ya no se debían nada.
Me quedé solo frente a su tumba, coloqué la invitación falsa sobre la tierra húmeda y murmuré:
—Prometo vivir mejor… por ti también.
Una brisa cálida pasó entre los árboles.
Casi pude sentir su mano en mi hombro.
Y por primera vez desde que todo empezó… sentí que podía seguir adelante.
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