Dejaron a su bebé de dos meses conmigo mientras iban de compras. Pero su llanto desesperado no paraba. Revisé su pañal y lo que encontré me hizo temblar las manos. Lo agarré y corrí al hospital.

Salimos del hospital cerca de la medianoche. Madrid brillaba bajo la farola.

El aire fresco de la noche nos quitaba el peso del pecho. Hablamos de cambios en su rutina, jabones más suaves y citas de seguimiento.

Lo que empezó como una tarde aterradora terminó como una lección para todos.
Una lección de vigilancia, instinto... y la frágil complejidad de cuidar una vida tan pequeña.

Y mientras el bebé dormía en brazos de su madre, ajeno al caos que había provocado, me di cuenta de algo:

Nunca recordaría esta noche.
Pero nos cambió a todos.

Si has leído hasta aquí, me encantaría saber:
¿Qué parte te quedó más grabada?
¿Te gustaría una versión alternativa, un final más oscuro... o quizás un capítulo futuro cuando este bebé crezca?

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