La justicia sí.
A la mañana siguiente, Margaret se despertó con el sonido de unos golpes.
No suaves, sino firmes, oficiales, imposibles de ignorar.
Daniel se apresuró a abrir la puerta. Dos personas estaban afuera: mi abogada, Eleanor Price, y un agente de la propiedad tranquilo y profesional.
Margaret apareció detrás de él en bata, ya irritada.
"¿Qué es esto?", preguntó.
Eleanor sonrió cortésmente. "Buenos días. Estoy aquí en nombre del dueño de la casa".
Margaret rió. "Sí, es mi nuera".
Eleanor se volvió hacia mí. "Sra. Whitman, ¿quiere que proceda?".
"Sí", dije.
El agente se adelantó y le entregó un documento a Daniel.
"Este es un aviso formal", dijo. "Usted y la Sra. Margaret Whitman deben desalojar la propiedad en un plazo de cuarenta y ocho horas".
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