Dejé que una madre y su bebé se quedaran en mi casa dos días antes de Navidad. Luego, la mañana de Navidad, llegó una caja con mi nombre.

“Se ven tan felices”, escribió.

“Lo están”, respondí. “Tú ayudaste a que eso sucediera”.

Nos agregamos como amigas.

Ahora nos vemos a veces.

Fotos de las niñas.
Mensajes de “Buena suerte hoy”.
Confesiones discretas de “Yo también estoy agotada”.

No solo por la ropa. No solo por la caja.

Sino porque, una gélida noche antes de Navidad, dos madres se cruzaron.

Una necesitaba ayuda.
La otra tenía miedo, pero aun así se detuvo.

Y ninguna lo olvidó.

Para ver las instrucciones de cocción completas, ve a la página siguiente o haz clic en el botón Abrir (>) y no olvides COMPARTIRLO con tus amigos en Facebook.