Después de 30 años de matrimonio, se fue con su novia, pero un año después la puerta se le cerró.

"Vete. Y, por favor, no vuelvas a menos que sea absolutamente necesario. Todas las preguntas deben dirigirse a un abogado." Nadie te pide la manutención de tu nieto, pero por ley estás obligado a mantener a tu hija. Hablaremos de eso más tarde.

Yuri se levantó lentamente. Se giró en el umbral:

"Entonces... ¿ya no me quieres?"

Hizo una pausa. ¿Era amor ahora? ¿Un cálido recuerdo de la buena persona que una vez hicieron de ella, o costumbre, o lástima?

"Me quiero", dijo Valentina en voz baja. "Por primera vez en muchos años. Ya basta."

La puerta se cerró. El apartamento volvió a quedar en silencio, pero era un silencio diferente: no vacío, sino lleno del aroma a canela y el tintineo de los platos.

Sonó el teléfono. Era Alyona.

"Mamá, ¿qué pasa?", preguntó con impaciencia. "¿Ha venido?"

"Ha venido", sonrió Valentina. "Se ha ido."

"¿Para siempre?"

"Para siempre. No te preocupes, querida. Estamos bien." Epílogo: La vida después de la regla
Pasaron dos años más.

Valentina seguía viviendo en su acogedor apartamento, pero ahora la cocina estaba equipada como una pequeña panadería: un horno nuevo, una batidora, una rejilla para enfriar pasteles. Su página web había crecido hasta alcanzar varios miles de suscriptores; incluso tenía alumnos que asistían a sus clases magistrales.

Dejó su trabajo en el supermercado; no podía con dos trabajos, y sus ingresos por repostería ya superaban su salario de cajera. Su yerno, Seryozha, la ayudó a autonomizarse. Ahora Valentina se consideraba con orgullo "pastelera casera".

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