Después de 7 años de divorcio, encontró a su exesposa trabajando como limpiadora, mirando en silencio un vestido de un millón de dólares detrás del escaparate.

Mariana se agachó para recoger los billetes.

No porque los necesitara, sino porque no quería que mancharan el mármol prístino.

Los colocó cuidadosamente en el borde del bote de basura y dijo con calma:

Deberías quedártelos. Ese dinero… lo vas a necesitar.

Alejandro se quedó congelado por un segundo.

No había resentimiento en su tono.

Tampoco hubo ninguna súplica.

Esa calma… lo inquietaba más que cualquier reproche.

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