De repente, todo cobró sentido. El dinero no era solo una herencia. Era una misión. Una carga. Y una bendición.
Un año después, la Beca de Infraestructura Charles Carter se había convertido en el fideicomiso de ingeniería privado más grande del país. Los estudiantes me escribían cartas. Las ciudades enviaban pancartas de agradecimiento. Los pequeños puentes reconstruidos con mis becas salvaron vidas durante las tormentas. Nada de esto trajo de vuelta a mi padre. Pero lo hizo inmortal.
9. Cuando el banco volvió a llamar
Una mañana tranquila, mientras revisaba propuestas de proyectos, sonó mi teléfono. Era un número de enlace del Tesoro. "¿Señora Carter?", dijo la voz. "La necesitamos en Washington. Ha surgido algo con respecto a la cuenta de su padre". Me dio un vuelco el corazón. "¿Qué es?" "No está mal", dijo el agente. "Pero... descubrimos documentos adicionales que su padre selló. Unos que tenía pensado entregarle cuando estuviera lista". Sentí que el aire se espesaba. "¿Qué tipo de documentos?". Una pausa. "Que cambiarán lo que cree saber sobre él. Y sobre el programa que ayudó a crear". Cerré lentamente mi portátil. Mi historia no había terminado. Ni de cerca.
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