Así que empecé a planificar. Una fundación para la innovación en infraestructuras. Becas para estudiantes de ingeniería. Un programa para restaurar puentes rurales en condados en crisis. Subvenciones iniciales para la investigación de energías limpias. El agente Pierce me conectó con asesores financieros éticos. No de los que se preocupan por el impacto que por las ganancias. Mi vida se volvió más grande que la supervivencia. Más grande que la venganza. Más grande incluso que el secreto de mi padre. Pero una cosa permanecía: el cierre.
7. La confrontación final
Seis meses después del divorcio, me encontré con Ryan en una cafetería del centro de Denver. Me vio antes de que yo lo viera. "¿Emily?" —dijo, acercándose con cautela. Parecía más delgado. Perdido. Un poco atormentado—. Oí que… estás bien —dijo—. Más que bien. —Sonreí cortésmente—. Estoy bien. —Tragó saliva—. Mira, Em, sobre lo que pasó… estaba estresado. El trabajo iba mal, bebía demasiado, yo… —No pasa nada —dije con suavidad—. No tienes que dar explicaciones. —Pero debería. —Se le quebró la voz—. Cometí un error. Alejé a la única persona que realmente se preocupaba por mí.
Escudriñé sus ojos. Vi arrepentimiento, pero no amor. Ni crecimiento. —Espero que encuentres la paz, Ryan —dije con suavidad—. Pero no voy a volver. —Exhaló temblorosamente—. ¿Estás saliendo con alguien? —No. —¿Eres rico? —soltó. Parpadeé. Se sonrojó—. O sea, te ves diferente. Más feliz. La gente habla. —No respondí. No tenía por qué hacerlo. Me miró, esperando. Finalmente, dijo: «Quien te ayudó... debe de tener mucha suerte». Sonreí. «Lo tuvo». Pasé junto a él, saliendo a la luz del sol, sintiéndome completo por primera vez en años.
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