Esa frase me dio fuerzas para seguir adelante.
Las semanas siguientes estuvieron llenas de citas, formularios y términos desconocidos: órdenes de protección, visitas supervisadas, entrevistas forenses. Fue agotador, pero también me aportó claridad.
Emma se quedó conmigo. Eso nunca estuvo en discusión.
Empezó terapia dos veces por semana. Al principio, apenas hablaba. Entonces, un día, mientras coloreaba en silencio, dijo: “Pensé que era mi culpa por haberme equivocado”.
Yo…
La abrazó con fuerza. "Nunca fue tu culpa".
La investigación avanzó con paso firme. Daniel lo negó todo, como era de esperar. Pero la negación no podía borrar los hallazgos médicos, el testimonio de un niño ni patrones que decían más que las excusas.
El Dr. Harris presentó un informe formal. El oficial Pérez me visitaba con frecuencia. Por primera vez desde aquella noche, me sentí apoyada en lugar de perdida.
Nuestro hogar cambió, no en estructura, sino en espíritu. El ambiente se sentía más ligero. Emma volvió a dormir toda la noche. Se rió con más libertad. Dejó de disculparse por cosas que no había hecho mal.
Para ver las instrucciones de cocción completas, ve a la página siguiente o haz clic en el botón Abrir (>) y no olvides COMPARTIRLO con tus amigos en Facebook.
