“¿Por qué no me lo dijiste?”, susurré.
El gerente deslizó otro sobre por el escritorio.
Para Ana, en un día difícil.
Dentro, Javier había escrito:
Quería que te sintieras segura, no endeudada. Nunca quise que vivieras con el miedo de que todo dependiera de que yo nunca volviera a fallar.
Me derrumbé por completo.
Entonces el gerente añadió un último detalle. Javier había dejado instrucciones para que cada año, una parte del fondo se donara anónimamente a familias al borde de perder sus hogares.
El mismo miedo con el que él una vez vivió.
Salí del banco temblando.
SOLO CON FINES ILUSTRATIVOS
Mi esposo no solo había ahorrado dinero. Había estado corrigiendo un error del pasado, protegiendo a su familia y ayudando discretamente a desconocidos —cada martes— durante casi cuarenta años.
Para ver las instrucciones de cocción completas, ve a la página siguiente o haz clic en el botón Abrir (>) y no olvides COMPARTIRLO con tus amigos en Facebook.
