Durante 38 años, mi esposo fue al banco todos los martes sin falta. Tras su fallecimiento, abrí su caja fuerte, encontré una carta y supe por qué, y lo que leí cambió mi vida para siempre.

Esa noche, me senté sola en la cocina, rodeada de cartas y documentos. Pensé en todas las veces que había confundido su firmeza con aburrimiento. Su silencio con distancia emocional. Creía que el amor necesitaba grandes gestos, grandes palabras, pruebas visibles.

Javier amaba de forma diferente.

Amaba con constancia. Con disciplina. Con silenciosa devoción.

Por eso nunca entraba en pánico. Por eso dormía tranquilo en los momentos difíciles. Ya se había preparado para ellos.

Ese fin de semana, les conté todo a nuestros hijos. Lloraron. Rieron con incredulidad. Entonces uno de ellos dijo algo que me dolió y me sanó a la vez:

"Pensábamos que lo conocíamos... pero quizá no del todo".

Quizás sí lo conocíamos.
Simplemente no sabíamos interpretar ese tipo de amor.

Para ver las instrucciones de cocción completas, ve a la página siguiente o haz clic en el botón Abrir (>) y no olvides COMPARTIRLO con tus amigos en Facebook.