Durante 38 años, mi esposo fue al banco todos los martes sin falta. Tras su fallecimiento, abrí su caja fuerte, encontré una carta y supe por qué, y lo que leí cambió mi vida para siempre.

Durante un tiempo, mantuve su hábito. Todos los martes iba al banco, no porque lo necesitara, sino porque me recordaba que el amor no siempre es ruidoso. A veces es repetitivo. A veces invisible.

A veces es alguien que se presenta en silencio toda la vida para asegurarse de que las personas que ama nunca se enamoren.

Todavía lo extraño cada día.

Pero los martes ya no me entristecen. Me enorgullecen.

Y ahora te pregunto, si estás leyendo esto:

¿Hay alguien en tu vida que ame así?

En silencio. Constantemente. ¿Sin aplausos?

Si es así, obsérvalo.
Hónralo.
Valóralo.

Hoy.

Porque no todos los héroes se anuncian a sí mismos.
Y a menudo, los mayores sacrificios se esconden en las rutinas más sencillas.

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