Mi corazón latía con fuerza—no por sospecha ahora, sino por un tipo diferente de shock. Mil emociones se abalanzaron sobre mí a la vez: miedo, alivio, culpa, alegría.
Miguel se retiró silenciosamente.
“Llamaré a un taxi. Necesita ir al hospital. Ya.”
Mientras bajábamos corriendo las escaleras de nuestro departamento en Ciudad de México, sosteniendo a mi esposa cerca, una verdad ardía dolorosamente en mi pecho:
Casi pierdo a mi esposa…
y a mi hijo…
porque elegí la duda antes que la confianza.
Esa tarde, parado en la sala de emergencias con la mano de Sofía en la mía, me prometí una cosa:
Nunca más dejaré que el miedo hable más fuerte que el amor.
Para ver las instrucciones de cocción completas, ve a la página siguiente o haz clic en el botón Abrir (>) y no olvides COMPARTIRLO con tus amigos en Facebook.
