El abogado del Millonario huyó en pleno juicio… y la mujer de limpieza tomó su lugar…

No todos estaban contentos con lo que había entregado. Laura abrió una botella de agua e intentó calmarse, pero su celular vibró de nuevo. Otro mensaje desconocido. Última advertencia. Ella cerró los ojos respirando con dificultad. Podía sentir como la ansiedad quería apoderarse de ella, pero se obligó a mantenerse en pie. No iba a ceder. Mientras caminaba hacia la salida, casi chocó con un hombre que llevaba un fajo de documentos en las manos. Perdón, ¿está bien?, preguntó él. Sí, disculpe.

No lo vi. El hombre la miró con curiosidad, como si la conociera de algún lado. Usted es la empleada que declaró ayer, ¿verdad? La que trabaja en casa del señor Estévez. Laura asintió con cautela. Soy analista de documentación financiera del tribunal”, explicó el hombre. Acabo de revisar los papeles que entregó y hay algo que debería ver. Laura frunció el ceño. ¿Qué encontró? El hombre miró a ambos lados antes de hablar. Los documentos bancarios que entregó muestran transferencias sospechosas desde una empresa vinculada a miró su carpeta, un tal hings.

Laura sintió un vuelco en el estómago. Sergio Landeros. Parece que sí, confirmó el analista. Y hay pagos a un intermediario que coincide con la fecha del ataque a Bauer. Si se confirma, podría probar que alguien financió esa escena. Laura apretó la botella en su mano. ¿Puedo ver esos documentos? El analista dudó. No puedo entregarle copias, pero puedo darle una pista, susurró. Busquen los archivos viejos de la mansión. Si lo que vi ahí es cierto, alguien estuvo moviendo dinero a las espaldas del señor Estévez desde hace meses.

Eso explicaba muchas cosas. explicaba por qué Sergio estaba tan interesado en que Laura callara. Tal vez había usado la empresa para lavar dinero o financiar actividades turbias. Laura asintió. Gracias. Eso me ayuda mucho. Tenga cuidado advirtió el analista. Estos hombres no son de los que aceptan perder. Ella lo sabía. Lo había sentido en la mirada de Sergio. Esa noche, Alejandro recibió permiso de hacer una llamada breve, usó el teléfono de la sala de vigilancia y marcó el número de Laura.

Ella contestó casi de inmediato. Alejandro, preguntó preocupada. Escúchame bien”, dijo él apresurado. “Hoy hablé con Sergio y Laura, tienes que tener cuidado.” Ella se apoyó en la pared del cuarto donde estaba. “Lo sé, me han estado amenazando.” “¿No entiendes?”, interrumpió él. Sergio no va a detenerse. Él estaba involucrado en el ataque. Está trabajando con Bauer. Quieren hundirme y ahora también a ti. Laura tragó saliva. No voy a retroceder, Alejandro. Laura, por favor, pidió él. No quiero que salgas lastimada.

No quiero que te pase nada por mi culpa. Ella sintió un dolor extraño en el pecho, una mezcla de miedo y determinación. Estoy en esto porque es lo correcto, respondió. No porque me lo pediste. Alejandro guardó silencio unos segundos. Gracias, dijo por fin con una voz vulnerable que ella nunca le había escuchado. Mañana llevaremos todo al juez, añadió Laura. Ya no estamos solos. Duerme bien, Laura, dijo él. Y por favor, cuidado con Sergio. La llamada terminó. Laura quedó mirando el teléfono, sabiendo que al día siguiente la vida de ambos iba a cambiar, para bien o para mal.

Lo que no sabía era que alguien estaba escuchando esa conversación desde una distancia prudente con un auricular oculto y una libreta en la mano. Y esa persona acababa de decidir que Laura era un problema que debía desaparecer. Hagamos otra broma para quienes solo revisan la caja de comentarios. Escriban la palabra mango. Los que llegaron hasta aquí entenderán el chiste. Continuemos con la historia. Al amanecer, Atenas estaba cubierta por una neblina ligera que hacía que la ciudad se viera más fría de lo normal.

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