El abogado del Millonario huyó en pleno juicio… y la mujer de limpieza tomó su lugar…

Alejandro es inocente, pues más te vale tener suficiente para probarlo, advirtió la mujer. Porque si pierdes, él se hunde y nosotras contigo. Laura no respondió. No porque estuviera de acuerdo, sino porque no tenía tiempo para discusiones inútiles. Caminó hacia la sala principal con el corazón golpeando fuerte. Afuera de la sala vio a Alejandro siendo conducido por los oficiales. Él alzó la mirada y al verla intentó sonreír aunque se notaba abatido. ¿Todo bien? Preguntó él en voz baja cuando la tuvieron a una distancia prudente.

Traigo nuevas pruebas, dijo ella. Y un testigo indirecto que puede confirmar que Ber no estuvo en Atenas la noche del ataque. Los ojos de Alejandro se iluminaron. Laura, esto puede salvarme. Voy a hacer lo que pueda, respondió ella. Antes de que pudiera seguir hablando, Sergio apareció detrás de los oficiales como un fantasma que siempre estaba en el momento exacto para incomodar. Su mirada gris se clavó en Laura con una intensidad que la hizo estremecerse. “Veo que sigues aquí”, dijo él sonriendo apenas.

“Qué valiente!” Laura lo ignoró por completo. No iba a darle el gusto de verla temblar. El juez pidió silencio y llamó a todos a la sala. Cuando Laura tomó asiento, notó que su celular vibró dentro de su bolso. No quería mirar, pero algo en su interior le dijo que debía hacerlo. Sacó el teléfono y vio un mensaje nuevo. Solo una foto. Era su madre saliendo de la casa. Y la imagen estaba tomada desde la distancia, desde el mismo auto que la había estado siguiendo.

Laura sintió que el piso bajo sus pies desaparecía. El miedo la golpeó como una ola gélida. Miró alrededor buscando rostros sospechosos, pero todos parecían absortos en el juicio. Guardó el teléfono con manos temblorosas. Sabía lo que significaba. Sergio ya no solo la había amenazado a ella, ahora estaba apuntando a su familia. El juez Elías abrió la carpeta con la evidencia nueva. El ambiente era tenso, casi eléctrico. Vamos a continuar con la información presentada por la señorita Neris, dijo.

Según los documentos, las cámaras de la mansión del señor Estévez fueron manipuladas en repetidas ocasiones la semana del incidente. También hay pruebas de fallas en el sistema de fichaje y posibles irregularidades financieras que involucran a terceros. El fiscal se puso de pie visiblemente incómodo. Señor juez, esto no está confirmado. Podría tratarse de coincidencias o de errores técnicos. No, fiscal, interrumpió el juez con firmeza. No lo son. Esta evidencia señala una coordinación deliberada. Y ahora tenemos informes que contradicen la cuartada del señor Bauer.

Los murmullos se hicieron más fuertes. Se sentía como si el aire vibrara. El juez continuó. Hay una cámara en Tesalónica que lo muestra entrando a un hotel la misma noche en que afirmó estar inconsciente en un almacén aquí en Atenas. Ark Power bajó la mirada tensando la mandíbula. Necesito que esta sala entienda, prosiguió el juez, que estamos frente a un caso con demasiadas contradicciones y no puedo ignorar los intentos de manipulación del sistema. El juez se volvió hacia Laura.

Señorita Neris, ¿está lista para ampliar su declaración? Ella respiró hondo, ignorando el temblor en su pecho, la amenaza en su teléfono y la sombra constante de Sergio. Sí, señor juez, estoy lista. lo que diría a continuación determinaría el destino de todos. La sala del tribunal parecía contener el aliento mientras Laura avanzaba hacia el estrado nuevamente. Sentía cada paso más pesado que el anterior, pero no podía permitirse mostrar debilidad. Alejandro la observaba con una mezcla de gratitud y miedo, como si temiera que cada palabra que ella pronunciara pudiera salvarlo o destruirlo si algo salía mal.

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