El abogado del Millonario huyó en pleno juicio… y la mujer de limpieza tomó su lugar…

El juez Elías le pidió que se colocara frente al micrófono. Laura miró sus notas, respiró hondo y levantó la mirada hacia el juez. Señorita Neris, comenzó él, explique detalladamente qué ocurrió con las cámaras de seguridad de la mansión y cómo esto podría alterar la línea de tiempo del caso. Laura apretó los labios antes de responder. Las cámaras dejaron de funcionar días antes del incidente. Pero eso no fue un fallo técnico. Alguien las apagó desde el panel interno y no fue ningún empleado.

El fiscal dio un paso al frente visiblemente irritado. ¿Tiene pruebas de eso o solo está especulando? Laura sostuvo su mirada. Tengo fotos del panel forzado y tengo registros que muestran que un técnico no registrado entró a la casa esa semana. Nadie del personal lo conocía. ¿Y cómo sabe usted que ese técnico tenía algo que ver con el supuesto ataque? Preguntó el fiscal. Porque ese mismo día también se alteró el reloj de fichaje de la puerta trasera y las cámaras de esa zona quedaron sin señal.

Todo eso ocurrió justo antes de que acusaran al señor Estévez de estar en un lugar donde no estaba. El juez revisó uno de los documentos. Según esto, el reloj registró actividad de reinicio el día del incidente a una hora que coincide con una transferencia bancaria sospechosa relacionada con Mandoos Holdings. Un murmullo fuerte llenó la sala. Sergio, sentado en una banca lateral, apenas cambió su expresión. Se limitó a cruzar los brazos y sonreír de forma casi invisible. El fiscal insistió.

Eso no prueba que el señor Estévez no salió de la mansión. Laura apretó los puños para contener la frustración. No salió. Respondió con firmeza. Yo estaba ahí. Limpio la casa todas las noches. Ese día también. Cuando él llegó, estaba exhausto. Subió a su oficina y se quedó ahí por horas. Después bajó a la cocina. Lo escuché claramente. Y después volvió a su habitación. Podría haber salido por la puerta principal, insistió el fiscal. El reloj de fichaje no hubiera registrado su salida porque estaba manipulado, explicó Laura.

Y si las cámaras estaban apagadas, todo queda sin registro. Eso es lo que querían, que no hubiera forma de demostrar dónde estaba él. El juez tomó la palabra. Parece que alguien trabajó para borrar todos los rastros del señor Estévez durante esa noche. Laura asintió. Eso creo. Y también creo que lo hicieron para culparlo. Alejandro se recargó ligeramente en la silla, tenso, pero con un brillo nuevo en los ojos. Por primera vez desde que todo empezó, parecía tener esperanza.

El fiscal masculló algo inaudible, pero el juez lo ignoró. Señorita Neris, continuó el juez, ¿qué puede decirnos sobre la evidencia encontrada en Tesalónica referente al señor Bauer? Laura tomó aire antes de responder. Hay un video de seguridad del hotel Legio Sitz tomado la misma noche del supuesto ataque donde se ve claramente al señor Bower entrando al edificio por su cuenta, sin ayuda, sin heridas visibles y definitivamente no estaba inconsciente como afirmó. Todos en la sala voltearon hacia Bauer.

Él se hundió en su asiento girando la cabeza hacia un lado para evitar las miradas. El juez levantó una ceja. Eso contradice completamente su declaración oficial. Ber no respondió. Su silencio era más fuerte que cualquier palabra. Sergio, desde su asiento, cambió su postura por primera vez. Se inclinó hacia adelante, apoyando los codos en las rodillas como un depredador evaluando un nuevo movimiento. El juez continuó. Al parecer, hay una coordinación entre el falso ataque y la manipulación de los sistemas de seguridad de la mansión del señor Esté.

Laura sintió un escalofrío recorrerle el cuerpo. Era la primera vez que veía al juez tan convencido de que algo grave estaba ocurriendo detrás del caso. Pero justo cuando pensó que todo estaba saliendo a su favor, el fiscal golpeó la mesa con la mano, perdiendo la compostura. Señor juez, exclamó, no podemos basarnos solo en teorías de una empleada. Esto puede estar manipulado. Ella podría estar mintiendo. Alejandro apretó los dientes. Laura no mentiría dijo poniéndose de pie a pesar de los oficiales que intentaban contenerlo.

El juez golpeó con el mazo. Orden. Señor Estéz, siéntese. Alejandro respiró hondo y obedeció. Laura sintió la presión en su pecho, pero no retrocedió. No estoy mintiendo”, dijo con voz firme. “Quieren que pare, pero no voy a parar.” El fiscal aprovechó. ¿Quién quiere que pare? ¿Tiene algún enemigo, señorita Neris? Laura tuvo un segundo de duda. Si decía la verdad, podría empeorar todo, pero si callaba, Sergio ganaría. He recibido amenazas”, dijo finalmente. Mensajes, incluso fotos de mi madre.

Para ver las instrucciones de cocción completas, ve a la página siguiente o haz clic en el botón Abrir (>) y no olvides COMPARTIRLO con tus amigos en Facebook.