El abogado del Millonario huyó en pleno juicio… y la mujer de limpieza tomó su lugar…

Alguien me está siguiendo. La sala estalló. El juez se inclinó hacia adelante, tenso. Fotos. ¿De qué clase de amenazas estamos hablando? Laura tragó saliva. Un auto negro ha estado siguiéndome. Ayer me mandaron una foto de mi madre saliendo de nuestra casa. y un mensaje que decía, “Última advertencia.” El juez se puso de pie. “Fiscal, esto es extremadamente grave. Su oficina ha recibido indicios de intimidación hacia testigos.” El fiscal lució incómodo. “No, no teníamos conocimiento de eso.” “Pues lo tienen ahora”, respondió el juez con frialdad.

Laura sintió un nudo en el estómago. Estaba revelando demasiado, pero era necesario. Si se quedaba callada, el miedo ganaría. Sergio la observaba sin pestañear, con una calma perturbadora. Su mirada parecía decir, “Habla lo que quieras, no vas a detenerme.” El juez continuó, “Debemos considerar seriamente la posibilidad de que el señor Estévez haya sido incriminado y que haya terceros interesados en mantener esta historia.” El fiscal abrió la boca para replicar, pero el juez levantó la mano cortándolo. Voy a ordenar una revisión completa de los sistemas de seguridad de la mansión, la verificación de los registros bancarios y una evaluación del video de Tesalónica.

Hasta entonces, las acusaciones formales quedan suspendidas. Alejandro dio un suspiro que no sabía que estaba conteniendo. Sus ojos se humedecieron apenas. Laura lo notó, aunque él trató de disimularlo. Sergio, en cambio, se puso rígido. No esperaba eso. No lo aceptaba. El juez golpeó el mazo. El tribunal entra en receso. Mañana continuaremos con la conclusión final. Laura bajó del estrado con piernas que le temblaban, pero con el corazón firme. Sabía que había dado un gran paso, pero también sabía que Sergio no iba a quedarse quieto después de esto.

Mientras caminaba hacia la salida, Alejandro logró acercarse un poco, aunque los oficiales lo mantenían sujeto. “Laura”, susurró él. Gracias. No sé cómo pagarte esto. Ella negó suavemente. No tienes que pagarme nada. Tú fuiste bueno conmigo y con mi mamá y eres inocente. Alejandro se acercó un poco más bajando la voz. Por favor, no te quedes sola hoy. Laura iba a responder, pero una sensación helada la recorrió cuando vio al fondo del pasillo a un hombre que observaba cada movimiento suyo.

Era el mismo que estaba dentro del auto negro. Ella no lo conocía, pero él sí la conocía a ella. El hombre inclinó ligeramente la cabeza como un saludo macabro y desapareció entre la multitud. Alejandro notó su expresión. ¿Qué pasó? Laura no respondió porque lo que vio no podía decirse sin que el miedo se aprobara a sí mismo. Y aún faltaba lo peor. Laura llegó al tribunal al día siguiente con la sensación de que algo invisible la seguía de cerca.

Cada vez que volteaba encontraba rostros desconocidos, algunos curiosos, otros fríos y uno en particular que la hacía sentir un vacío en el estómago. Era el mismo hombre del auto negro. Estaba a unos metros fingiendo mirar su teléfono, pero ella sabía que no era una coincidencia. Trató de no demostrarlo mientras caminaba hacia la entrada. En cuanto cruzó la puerta, un guardia se acercó para acompañarla hasta la sala principal. No sabía si era protocolo o si el juez había pedido seguridad adicional después de las amenazas, pero agradeció el apoyo.

Dentro. El ambiente era tenso. La sala estaba repleta igual que los días anteriores, pero hoy había algo distinto. Esperanza, miedo, impaciencia, todo mezclado. Alejandro estaba sentado frente al estrado, esposado, pero con la cabeza en alto. Cuando vio entrar a Laura, una calma fugaz cruzó su rostro como si su sola presencia le recordara que aún no había perdido la batalla. El juez Elías golpeó el mazo para dar inicio. Continuaremos con la audiencia de revisión y tomaremos en cuenta el nuevo material entregado por la señorita Neris.

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