Laura susurró él cuando se acercó, aunque los guardias se mantenían atentos. Lo lograste. Ella negó suavemente. Lo logramos. Yo solo dije lo que vi. Alejandro sonrió por primera vez en días. Una sonrisa cansada pero real. Gracias por no dejarme solo. Laura sintió el pecho apretado. Quiso responder, pero se distrajo al ver algo por el rabillo del ojo. El hombre del auto negro estaba en la esquina de la sala observando todo con expresión seria. Sin embargo, ahora no parecía amenazante, parecía evaluador, como si el desenlace hubiera modificado sus órdenes.
En cuanto sus ojos se cruzaron, él se dio la vuelta y salió por una puerta lateral. Laura tragó saliva. No sabía si eso significaba que ella estaba a salvo o que todo acababa de comenzar. Un par de horas después, Alejandro salió por la puerta principal del tribunal, acompañado de oficiales y su equipo legal provisional. Los reporteros se volvieron locos intentando acercarse. Laura salió por una salida alterna con dos guardias, pero al final del pasillo Alejandro logró alcanzarla.
“¿Puedo hablar contigo un momento?”, preguntó él. Los guardias intercambiaron miradas y lo permitieron, manteniéndose a una distancia prudente. “Tengo que agradecerte”, dijo Alejandro mirándola directo a los ojos. “Nunca imaginé que alguien como tú, que alguien que ni siquiera tenía obligación de ayudarme haría tanto por mí.” Laura sonrió apenas. No te debía nada, Alejandro, pero sé reconocer cuando alguien es inocente. Alejandro suspiró como si las palabras le pesaran. Lo que hiciste cambió mi vida. Literalmente, si no fuera por ti, yo estaría camino a prisión ahora mismo.
Ella bajó la mirada, sintiendo el impacto de lo que había hecho realmente. Y ahora quiero que tú estés a salvo, añadió Alejandro. Voy a asegurarme de que tengas protección. Ningún mensaje, ningún auto extraño, nada. Nadie va a tocarte. Lo prometo. Laura sintió una mezcla de alivio y temor. Nunca nadie había prometido protegerla así. Gracias, dijo. Y si un día necesitas algo, lo que sea, solo dímelo añadió él. Me debes permitir ayudarte por lo menos una vez. Laura sonrió.
Está bien, aunque no te debo nada. Alejandro se rió por primera vez. Está bien, no te debo nada, repitió él en broma. Ambos caminaron hacia la salida. Laura vio como su madre esperaba en la entrada del edificio con los ojos llenos de lágrimas. En cuanto la vio, corrió hacia ella. “Laura”, exclamó Marta abrazándola fuerte. Pensé que te pasaría algo. Laura se aferró a ella, sintiendo el alivio recorrerle el cuerpo. Estoy bien, mamá. Ya pasó. Marta la sostuvo de los hombros.
Gracias a ese muchacho y a tu valor. Laura asintió. Mientras veía a Alejandro alejarse, protegido por oficiales, sintió algo que no esperaba sentir. Paz. Había sido más fuerte de lo que creía. Había enfrentado amenazas, presiones, miedo, pero también había salvado a alguien que no merecía caer. Esa noche, Laura y su madre cenaron juntas en casa, intentando dejar atrás todo el caos. El televisor mostraba noticias del caso, todas enfocadas en la caída de Sergio Landeros, la traición corporativa y la valentía de una simple empleada de limpieza.
Marta subió el volumen un poco. Mira eso, eres famosa. Laura negó con la cabeza riendo suavemente. No quiero ser famosa, solo quiero que todo termine. Marta tomó su mano. Terminará y tú vas a estar bien. Laura miró por la ventana viendo las luces de la ciudad. Sabía que su vida había cambiado para bien y para mal, pero también sabía que había hecho lo correcto y eso era suficiente. Al día siguiente, mientras acomodaba su uniforme amarillo recién lavado, Laura vio su celular vibrar con una notificación.
Era un mensaje nuevo. Gracias por tu valentía. Aeella sonrió. Por fin todo tenía sentido y aunque no sabía que vendría después, sabía que había ganado algo invaluable, la certeza de que incluso alguien como ella podía cambiar un destino entero.
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