Dentro había dos personas sentadas detrás de un escritorio, ambas con semblante serio. “¿Siéntese, por favor?”, dijo una mujer con gafas revisando unos documentos. Laura obedeció intentando disimular el temblor en sus manos. No sabía si la iban a regañar, interrogar o agradecerle. Todo era posible en ese momento. “Señorita Neris, comenzó la mujer. Necesitamos confirmar su identidad y su relación laboral con el señor Estéz. ¿Desde cuándo trabaja en su casa?” Desde hace un año y dos meses, respondió Laura con voz firme.
¿Y estuvo con él la noche en que ocurrió el incidente con el señor Bower? Preguntó el hombre sentado a un lado. Laura dudó un instante. Sabía que tenía que ser cuidadosa, pero también honesta. No toda la noche, pero sí lo vi entrar a la mansión en la hora exacta en que dicen que estaba golpeando al señor Bauer en ese almacén. no pudo haber estado en los dos lugares al mismo tiempo. Los dos funcionarios intercambiaron miradas. La mujer tomó nota.
“Entiende que su testimonio podría cambiar la dirección del caso,”, dijo ella. “Y también entiende que se enfrentará a mucha presión, incluso amenazas. ¿Está preparada para eso?” Laura respiró hondo. Quiso decir que no, que no estaba preparada para nada de esto, que apenas podía dormir y que su vida nunca había sido complicada hasta ahora, pero no podía retroceder. Estoy lista, respondió. Solo quiero decir la verdad. La mujer cerró la carpeta. Bien. En unos minutos era llamada para declarar.
Mientras esperaban, Laura tomó su celular para avisarle a su madre que estaba bien. Tenía varias llamadas perdidas y mensajes de texto sin leer. ¿Dónde estás, Laura? Contesta. Acabo de ver algo en las noticias. Por favor, dime que no hiciste una locura. Suspiró. Su madre siempre había sido protectora, pero ahora iba a estar peor. Mandó un mensaje corto. Estoy bien, te explico luego. En cuanto presionó enviar, la puerta se abrió y entró el juez Elías con gesto serio.
Los funcionarios se levantaron de inmediato. “Señorita Neris”, dijo él. “Necesito hablar con usted en privado antes de permitirle declarar.” Laura se levantó sin saber si eso era algo bueno o malo. Siguió al juez a su despacho. Era un lugar sobrio, con pocos adornos, apenas una estantería y un escritorio lleno de papeles. Él cerró la puerta y la observó con detenimiento. No voy a permitir que esto se convierta en un circo advirtió. Si usted miente, si inventa algo o si tiene motivos ocultos, sepa que enfrentará consecuencias graves.
No estoy mintiendo, respondió Laura. Yo vi a Alejandro entrar a la casa. Lo vi con mis propios ojos. El juez entrecerró los ojos. No solo basta con verlo entrar. El fiscal argumenta que él salió después, que pudo ir al almacén y regresar. Puede asegurar que eso no ocurrió. Laura tragó saliva. Yo creo que puedo dijo dudando. Creé, preguntó el juez con dureza. Necesito certeza, señorita Neris. Ella apretó los puños. Las cámaras de la casa estaban apagadas, pero yo sé quién las apagó.
No fue Alejandro. El juez levantó la mirada sorprendido. ¿Quién entonces? No estoy 100% segura, pero hubo movimientos extraños la semana del incidente. Entradas que no coincidían con las horas del personal, archivos borrados, un técnico que nadie contrató oficialmente. Tengo pruebas. El juez la observó con atención renovada, como si empezara a verla no solo como una empleada, sino como una pieza clave. Si esto es cierto, deberá mostrarlo mañana con evidencia. La tiene Laura asintió. Sí. O puedo conseguirla esta noche.
Para ver las instrucciones de cocción completas, ve a la página siguiente o haz clic en el botón Abrir (>) y no olvides COMPARTIRLO con tus amigos en Facebook.
