El abogado del Millonario huyó en pleno juicio… y la mujer de limpieza tomó su lugar…

Si como sea, tendrá que presentarla, dijo el juez. Ahora vaya, necesito ordenar el retorno de la audiencia. Laura salió del despacho con la adrenalina a tope. Su pecho subía y bajaba con rapidez. Sentía que todo el mundo giraba demasiado rápido, como si ella hubiera iniciado una avalancha sin quererlo. Mientras regresaba al área de espera, su celular vibró otra vez. Pensó que era su madre, pero no. Era un número desconocido. Dudó en contestar, pero finalmente deslizó el dedo.

“Hola”, dijo. “Nada. ¿Quién habla?” El silencio al otro lado era inquietante. Laura estaba a punto de colgar cuando una voz distorsionada, casi susurrante, pronunció unas palabras que la helaron. “Aléjate del caso o lo lamentarás.” Laura sintió que el aire se le escapaba. Su mano tembló. Giró para ver si alguien la miraba desde lejos, pero no, solo había gente caminando de un lado a otro. ¿Quién eres?, preguntó con un hilo de voz, pero la llamada se cortó. Un nudo se formó en su garganta.

No sabía si debía contarlo o guardarlo para después, pero en ese momento su corazón latía tan rápido que casi le dolía. Se obligó a respirar profundo. No podía retroceder. No. Ahora un guardia apareció para guiarla de regreso al tribunal. Al entrar, los reporteros volvieron a atacarla con flashes y preguntas. ¿Qué relación tiene con Alejandro Estévez? ¿Está mintiendo para protegerlo? ¿Está recibiendo dinero? ¿Es cierto que usted fue testigo clave? Ella bajó la mirada y siguió caminando. Sentía la presión mediática caerle encima como un peso gigante.

No estaba acostumbrada a esto. Su vida siempre había sido discreta. sin complicaciones ni cámaras persiguiéndola por un pasillo. Mientras avanzaba, una voz conocida la detuvo. Tú aquí. No lo puedo creer. Laura se giró. Era una de las empleadas de la mansión, una mujer llamada solo la otra trabajadora, que la había mirado con recelo desde hacía meses. No pensé que fueras capaz de meterte en algo así, dijo ella. Si yo fuera tú, no me pondría al frente de un hombre con tantos enemigos.

Solo vine a decir la verdad, respondió Laura. La verdad, repitió la otra trabajadora con burla. Pues más vale que tengas pruebas, porque todas vamos a salir salpicadas por esto. Laura no respondió. No tenía fuerzas para pelear con nadie. Siguió caminando hasta que un guardia la llevó junto a la puerta de entrada a la sala principal. Ahí esperaba Alejandro con las manos esposadas, flanqueado por dos oficiales. Sus miradas se cruzaron. Él parecía agotado, preocupado, pero al verla su expresión cambió un poco.

No debiste hacer esto le dijo en voz baja. Tenía que hacerlo respondió ella. No quiero que te pase nada por mi culpa. No me va a pasar nada”, dijo Laura, aunque ni ella misma lo creía del todo. “Tú sabes que no fuiste culpable.” “Yo también lo sé y voy a probarlo.” Alejandro intentó decir algo más, pero los oficiales lo apresuraron. El juez pidió orden mientras la sala volvía a llenarse. Laura sintió como su corazón golpeaba su pecho.

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