El abogado del Millonario huyó en pleno juicio… y la mujer de limpieza tomó su lugar…

Lo vi. Estabas en casa esa noche. Alejandro bajó la mirada conmovido. Pero antes de que pudiera decir algo más, Laura vio a Sergio a unos metros mirándolos con una sonrisa siniestra. Esa sonrisa decía algo claro, “No he terminado contigo.” Laura tragó saliva y se obligó a caminar hacia la sala del tribunal. A ese paso, ya no solo defendía a Alejandro, ahora estaba luchando contra alguien que haría cualquier cosa para mantener sus secretos enterrados. La audiencia continuaría en pocas horas, pero Alejandro no tenía idea de lo que estaba a punto de enfrentar.

Después de que los oficiales lo llevaran de regreso a la zona de detención del tribunal, lo hicieron sentarse en una pequeña sala sin ventanas, fría y silenciosa. Pensó que era una pausa antes del traslado, hasta que la puerta se abrió sin que nadie lo anunciara. El hombre que entró lo dejó helado. Sergio, murmuró Alejandro con el ceño fruncido. Sergio Landero cerró la puerta detrás de él, apoyándose con calma en el marco como si tuviera todo el tiempo del mundo.

Sus ojos grises parecían disfrutar cada segundo de tensión. “Hola, Alejandro”, dijo con voz suave. “Vaya lío en el que estás metido. ¿Qué haces aquí?”, preguntó Alejandro intentando mantenerse firme. Sergio avanzó unos pasos con las manos en los bolsillos. Solo vine a ver cómo estabas. Después de todo, trabajamos juntos muchos años. Me preocupa tu bienestar. Alejandro apretó la mandíbula. No empieces con eso. Tú sabes que no hice nada de lo que dicen. Sergio se rió. Una carcajada seca.

Claro que lo sé, pero eso no significa que no puedas cargar con la culpa. Alejandro sintió un escalofrío recorrerle la espalda. La forma en que Sergio lo dijo como si fuera lo más normal del mundo. ¿Fuiste tú? Preguntó Alejandro sin poder contenerse. Montaste todo esto? Sergio alzó una ceja. Qué pregunta tan directa. Extrañaba ese carácter tuyo. Alejandro dio un paso al frente. Respóndeme. Sergio lo observó con frialdad antes de hablar. Digamos que tu desgracia me beneficia y la de otras personas también.

Alejandro se tensó. Bauer, él está metido en esto contigo. El silencio de Sergio fue más revelador que cualquier respuesta. Golpearon a Bower para culparme”, insistió Alejandro. Eso hicieron. Bower es un hombre práctico, respondió Sergio alzando las manos. Si fingir una agresión podía facilitarle contratos que tú le quitaste, pues tomó decisiones. Y yo solo ayudé a que el plan funcionara mejor. Alejandro sintió un vértigo indescriptible. Eres un enfermo. No, Alejandro. corrigió Sergio. Soy ambicioso. La diferencia es enorme.

Alejandro se acercó aún más, ignorando a los oficiales que observaban desde afuera a través de un vidrio reforzado. ¿Y qué hay de Laura? Preguntó furioso. Ella no tiene nada que ver. Déjala en paz. Sergio sonrió con crueldad. Ah, Laura, la heroína inesperada. Qué lástima que se haya metido donde no debía. Ella podría haber seguido limpiando piso sin problemas, pero no. Ahora quiere jugar a Detective. Alejandro sintió que la sangre le hervía. Si le haces daño, ¿qué? ¿Me vas a golpear?

¿A denunciarme? interrumpió Sergio riéndose. Por favor, Alejandro, no puedes ni salir de esta sala sin permiso. Alejandro lo miró con impotencia. Sergio se inclinó un poco hacia él. Un consejo, amigo. Si quieres que esa chica siga viva, haz que deje de hablar. Alejandro lo fulminó con la mirada. No voy a hacer eso. Entonces será tu culpa lo que pase”, dijo Sergio encogiéndose de hombros. Piénsalo. Golpeó suavemente la puerta y los oficiales entraron. Sergio salió sin mirar atrás, satisfecho, como si hubiese ganado una batalla invisible.

Alejandro se dejó caer en la silla con las manos temblando. Nunca había sentido miedo por su propia vida, pero ahora temía por la de Laura. No podía permitir que la tocaran, no podía permitir que esto terminara de esa manera. Mientras tanto, Laura se encontraba en la cocina del tribunal, buscando un poco de paz antes de su siguiente declaración. El funcionario que recibió su evidencia la había felicitado por su valor, pero aún así le recomendó no moverse sola por los pasillos.

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