El Año Nuevo terminó con un desalojo: mi marido quería unas vacaciones a mi costa

—¡Listo! —señaló con el dedo—. ¡Eso es justo lo que decía! Tienes más dinero, así que deberías ayudar. Así son las familias normales.

Ksenia miró a su marido en silencio, presa de una extraña sensación: era como si lo viera de verdad por primera vez. No al «Vadik» que les llevaba el café a la cama al principio de su matrimonio, sino al hombre que la consideraba su billetera: conveniente e inagotable.

—¿Y qué quieres? —preguntó con voz serena.

Vadim finalmente se sentó, como si hubiera ensayado su respuesta de antemano.

—Celebramos Año Nuevo. Mamá, Alina, su marido y los sobrinos. Pondremos una mesa como es debido. Ensalada Olivier, carne, pescado, caviar rojo... ¿Entiendes? La gente necesita ver que vivimos una vida decente.

"¿Con qué dinero?" Ksenia ya sabía la respuesta, pero preguntó de todos modos.

Vadim se encogió de hombros, como si fuera obvio. "Para ti. Recibirás una bonificación. Así que la gastaremos. Y apartaremos algo para los gastos iniciales de mamá. Y para el blog de Alina. Considéralo una inversión en la familia".

Ksenia suspiró en voz baja.

"Vadim... ¿cuánto aportas?"

Frunció el ceño.

"Ya estoy aportando; soy un hombre, estoy ahí para ti, yo..."

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