EL BEBÉ DEL MILLONARIO LLORÓ AL VER A LA EMPLEADA! SUS PRIMERAS PALABRAS DESTROZARON A TODOS

El encuentro fue pura reparación. Leonardo, delgado y envejecido, lloró al ver a su hija. Le pidió perdón por haberla puesto en manos de un monstruo. Ella se disculpó por haber desaparecido. Se abrazaron como si el tiempo se hubiera detenido.

Y allí, frente a la cama de hospital, Leonardo le hizo una pregunta directa a Rodrigo:

—¿La amas?

Rodrigo miró a Valeria como si ese fuera el primer día del resto de sus vidas.

—Sí —dijo—. La amo. Y si ella me lo permite, voy a pasar lo que me quede de vida cuidándola como merece.

Valeria no huyó esta vez. No se escondió detrás de otro nombre, ni de otro miedo.

—Yo también te amo —respondió, con la voz temblorosa pero firme—. Me da miedo, pero es la única verdad que ya no quiero seguir ocultando.

La justicia, esa que parecía llegar tarde, empezó de pronto a moverse rápido.

El mecánico que había saboteado los frenos del coche de Camila aceptó declarar. Habló de dinero, de amenazas, de una rubia elegante que no dudaba en mandar mensajes de muerte con labios pintados. Las transferencias bancarias a nombre de Patricia aparecieron. Su máscara se cayó en cuestión de días.

La policía reabrió el caso. Patricia fue arrestada frente a la puerta de la misma mansión donde había intentado destruir la vida de otra mujer. Gritó, insultó, culpó a todos menos a sí misma. Pero esta vez su palabra no valía más que los videos, las cuentas, las confesiones.

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