Sebastián recibió lo suyo también. Los abusos que antes se habían ocultado salieron a la luz. Exnovias que antes tenían miedo hablaron. La opinión pública hizo lo que a veces solo ella sabe hacer: destruir a los intocables. Negocios perdidos, prestigio hecho polvo, soledad total.
Mientras tanto, en la mansión Santillán, algo distinto crecía: una familia.
Leonardo pasó sus últimos meses rodeado de gente que lo quería: su hija, el hombre que la amaba, un niño que lo llamaba “abuelo Leo” con naturalidad y una anciana con el corazón más grande que su apellido. Murió en paz, sabiendo que Valeria ya no estaba sola ni perseguida.
Tiempo después, sin cámaras, sin prensa, sin espectáculo, Rodrigo y Valeria se casaron en el jardín de la mansión. Doña Mercedes lloró como si entregara a otra hija. Tencha aplaudía con el delantal en la mano. Bruno levantó la copa con una sonrisa discreta.
Matías llevó los anillos. Cuando vio a Valeria caminando hacia el altar, vestido sencillo, sonrisa temblorosa y ojos llenos de luz, gritó feliz:
—¡Mami se ve bonita!
Para ver las instrucciones de cocción completas, ve a la página siguiente o haz clic en el botón Abrir (>) y no olvides COMPARTIRLO con tus amigos en Facebook.
